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El proceso de duelo: afrontar la pérdida

El proceso de duelo: afrontar la pérdida

Te mejoramos el precio de tu seguro de vidaEl proceso de duelo es uno de los peores momentos por los que tienen que pasar las personas a lo largo de su vida. Se dice que cuando una persona fallece, aquellos que más sufren son quienes se quedan y no los que se van, porque ellos ya no tienen que sufrir de nuevo. Esto se representa en el proceso de duelo, que se divide en distintas fases generalizadas que cada persona puede afrontar con mayor o menor facilidad dependiendo del caso. También es un tipo de experiencia en la cual se producen subidas y bajadas hasta que llega el momento en el que se supera.

Todas las fases de duelo tienen una duración que puede variar dependiendo de la persona. En algunos casos la duración puede ser de unas horas y en otros de días o incluso semanas. Todo depende de la propia persona o de factores a su alrededor, como la influencia de sus seres queridos.

Superando el dolor

El inicio del proceso de duelo está relacionado con la fase de shock. Es el momento en el que se recibe la noticia, en el cual hay personas que actúan de distintas maneras. Algunas aceptan lo ocurrido con naturalidad, sin ningún tipo de alteración. Actúan de manera que no parece que les haya afectado y hablan como si estuvieran totalmente claro lo que ha pasado y cómo será su vida en adelante. Otras personas se quedan bloqueadas y no reaccionan hasta que su cerebro les vuelve a poner en movimiento. En algunos casos hay quien prefiere evitar la realidad y se concentra en la práctica de actividades cotidianas que les impiden afrontar la realidad.

La siguiente fase es la de rabia. Todas las personas es normal que sientan rabia, frustración e incluso agresividad en aquellos momentos en los que se encuentran cara a cara con una situación drástica como la pérdida de un ser querido. La agresividad generalizada normalmente se concentra sobre personas alrededor, por mucho que estas no tengan ningún tipo de culpa sobre lo ocurrido. Si hay una persona que sea responsable de la pérdida de aquel ser querido, será esta sobre la que recaiga toda la frustración y violencia que se sienta. Es una fase que llega a su final a medida que la persona que está en duelo sigue avanzando.

Proceso de duelo

La tercera fase es aquella en la que el dolor deja su paso a la tristeza y la pasividad. Ya no se siente agresividad ni odio, por lo que el hueco lo cubre el desinterés. Es una fase peligrosa, porque lleva a las personas a sentir poco aprecio por su vida y a creer que su existencia no tiene sentido. Ya se es consciente de que quien ha fallecido no volverá, por lo que se intenta imaginar un futuro diferente, pero resulta complicado. El peligro de esta fase se encuentra en tomar alguna decisión de la que después nos arrepintamos. Es importante ser cautelosos y mantenernos pasivos, pero con la cabeza sobre los hombros.

Llega el momento de abrir los ojos

Una vez se ha salido de la pasividad de la última fase mencionada es el momento de abrir los ojos, lavarse la cara y asumir que la vida sigue para nosotros por mucho que hayamos perdido a una persona muy querida. En este momento se produce una reorganización de la vida que tendrá mayores o menores consecuencias dependiendo del tipo de relación que tuviéramos con quien haya fallecido. Es en este momento cuando comenzamos a dejar salir los recuerdos de la persona que se ha marchado. Estos recuerdos se aceptan como algo positivo que ayuda a salir adelante.

En esta fase puede haber momentos de debilidad que hagan que una de las fases anteriores se reavive de forma muy temporal. Podemos sentir tristeza, agresividad o cualquiera de los otros sentimientos, pero es algo que acaba pasando con un poco de tiempo. A la vez nos vamos haciendo a la idea de lo que va a ser la vida a partir de ese momento. Nos reorganizamos alrededor del concepto al que tenemos que ajustarnos. Qué hacer en el día a día, cómo afrontar ciertos momentos en los que la persona fallecida cubría una necesidad o cómo superar otras situaciones imprescindibles de la vida.

Llega un día en el proceso de duelo en el cual se ve el recuerdo de la persona fallecida con una sonrisa y no con una lágrima. Es entonces cuando se ha dado por superado el proceso de duelo, algo que no es fácil que ocurra, pero que llega antes o después. El proceso de duelo, por otro lado, se desarrolla con mucha más facilidad tal y como indican los expertos, cuando la persona que se encuentra en esta situación no tiene otras preocupaciones. A esto ayuda que la persona fallecida tuviera un buen seguro de vida dando protección a la familia. Así se podrá dar importancia a los sentimientos y no a las preocupaciones por el mañana.

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