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Etapas de la persona tras sufrir una invalidez

Etapas de la persona tras sufrir una invalidez

Te mejoramos el precio de tu seguro de vidaSufrir una invalidez no es nada fácil, convirtiéndose en un gran problema para quienes se ven en este tipo de situación. Las etapas de aflicción por las que se pasa cuando se sufre una invalidez son duras y es importante que quien se encuentre atravesándolas disponga del apoyo de sus amigos y familiares para que pueda superarlas lo antes posible. Hay que entender que una invalidez cambia la vida de quien se encuentra ante ella. Estudiando este suceso se pueden analizar cinco etapas a través de las que pasa la persona que ha quedado inválida: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Son fases, en cierto modo, similares a las del duelo hacia un ser querido, notándose que se puede considerar la movilidad perdida como algo que se ha llegado a perder.

Fase 1. Negación

Lo primero que ocurre es que neguemos lo que está ocurriendo. Es difícil hacerse a la idea de aceptar que a partir del momento en el cual se sufre una invalidez todo cambiará en la vida. La discapacidad no es fácil de asumir y hay personas que prefieren evadirse de la realidad a través de pensamientos generalizados como “esto no me está ocurriendo” o “pronto me recuperaré”. Negarse ante la realidad de una discapacidad es un gran problema, puesto que merma las posibilidades de anteponerse a lo que está ocurriendo e impide que podamos superar la tragedia con efectividad. La negación es un bloqueo que se antepone a todo lo que necesitan las personas que han sufrido una invalidez, así que debe derribarse lo antes posible.

Fase 2. Ira

El problema es que cuando nos encontramos ante la negación y la superamos, lo siguiente que tenemos que afrontar es la ira. Y con ella lo que ocurre es que comenzamos a preguntarnos con odio porqué somos nosotros quienes hemos tenido que sufrir ese tipo de suceso. El enfado que sentimos y desprendemos se puede convertir en dos cosas nada positivas. La primera es violencia que se puede manifestar contra nosotros mismos o contra las personas que nos rodean. La segunda es aislamiento, lo que tiene muchas posibilidades de afectarnos de manera que no podamos mantener relaciones sociales adecuadas y nos sintamos cada vez más dentro de una depresión.

Invalidez en adulto

Fase 3. Negociación

La negociación no siempre tiene porqué tener un contexto religioso, aunque es frecuente que así sea. El individuo recurre a intentar hacer tratos con un ser superior con la intención de que pueda revertir a su estado antes de sufrir el accidente o enfermedad que le produjo la invalidez. Se promete cambiar el estilo de vida y afrontar los días en adelante de una manera más sana y positiva. El objetivo es conseguir una promesa de que se podrá volver a la normalidad y dejar atrás la invalidez que tanto sufrimiento está provocando.

Fase 4. Depresión

Era lógico que antes o después, ante una pérdida de movilidad como la que supone una invalidez, las personas se encuentren de forma inevitable ante la depresión. Es un momento en el cual el individuo cree que ya no tiene posibilidades de negociar, porque no hay vuelta atrás. Comienza a ser consciente de lo que ha ocurrido, pero de una manera negativa. El aislamiento al que se llega a través de la depresión puede ser difícil de superar y dar lugar a situaciones muy complejas. Se nutre de sentimientos como la tristeza, la culpabilidad o el miedo, porque hay mucho desconocimiento de qué hará la persona a partir de ese momento. También es habitual que los incapacitados sufran de sentirse inútiles, de creer que ya no pueden aportar nada a la vida y de que no encajan en el lugar donde se encuentran. En esta etapa ya se ha aceptado la discapacidad, pero los malos sentimientos hacen que se produzca un aislamiento que impide disfrutar de una vida adecuada.

Fase 5. Aceptación

Es importante que las personas que han sufrido una invalidez sean conscientes de la enfermedad y de la nueva condición a la que se tienen que amoldar. Aceptar no significa que la persona en cuestión vaya a estar feliz de manera repentina y que se encuentre a gusto con la manera en la que tiene que vivir. La felicidad debería ir llegando a medida que la persona que ha aceptado su condición disfrute de una manera plena del tiempo que tiene en vida. La aceptación también permite disfrutar de una comodidad adecuada en la nueva identidad, aprovechando las pocas ventajas que se pueden encontrar en este tipo de casos, como el contar con una cobertura que permita no tener que preocuparse de los ingresos económicos como ocurría antes. Además, el haber aceptado la invalidez permite que quien está asistiendo a terapia o rehabilitación pueda obtener unos resultados más adecuados y que el proceso resulte más beneficioso en todos los aspectos. Sus relaciones personales también mejorarán y podrá tener una vida más plena.

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