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Padres después de los 40: ¿cómo podemos proteger a nuestros hijos en el futuro?

Padres después de los 40: ¿cómo podemos proteger a nuestros hijos en el futuro?

Te mejoramos el precio de tu seguro de vidaLa sociedad ha llevado a que cada vez se tenga costumbre de tener los hijos a una edad más avanzada. Es parte de un punto de vista que lleva a que las personas quieran aprovechar más su tiempo y que tengan tantas aspiraciones tanto personales como profesionales que evitan que tengan descendencia antes de lo previsto. Pero estos padres que tienen a sus hijos después de los 40 años se encuentran con la difícil tarea de asegurar que sus hijos tendrán la protección adecuada con el paso del tiempo. ¿Cómo pueden asegurarse de ello?

Una situación complicada

Cuando los padres a partir de los 40 comienzan a hacerse preguntas así mismos y a contar fechas, se encuentran con que el futuro será muy diferente al de la vida que ellos tuvieron. Una generación antes lo más habitual era tener los hijos entre los 20 y los 30 años, pero este rango de edad ha aumentado de forma significativa en la siguiente generación. Ahora la cifra asciende y supera los 40 años. Esto significa que habrá una diferencia de edad importante entre hijos y padres. En la generación anterior se podían dar casos en los que los padres tuvieran 40 años y sus hijos 20, lo que les permitía mantener una relación de confianza y seguridad.

A los 40 las personas todavía se encuentran en un margen de edad idóneo para trabajar, con una capacidad física y mental que no supone ningún tipo de obstáculo. Los padres que tienen hijos de 20 años a esta edad pueden respirar mucho más tranquilos, puesto que saben que estos ya habrán echado a volar y tendrán su propia familia cuando ellos hayan alcanzado una edad más avanzada. Pero todo cambia en los padres que tienen sus hijos a los 40 y que llegan a los 60 cuando estos tienen 20. La diferencia de edad es más pronunciada.

Pero no solo se encuentran problemas en el día a día por esta diferencia de edad, sino que además se produce una gran inestabilidad en cuanto a la seguridad de los hijos. Entre los 40 y los 60 años educar a un hijo puede ser un claro riesgo. Nunca se sabe qué le puede ocurrir a los padres, que es posible que enfermen por efectos producidos de forma natural en este margen de edad. Si los progenitores enferman y fallecen cuando el niño todavía está en desarrollo, este puede tener serios problemas para continuar con su educación.

Un padre mayor y su hijo

El problema derivado es que el margen de edad y el haber esperado tanto para tener hijos también significa que los abuelos serán mucho más mayores y que no podrán aportar un soporte de apoyo en la educación y el crecimiento de los niños. Cuando el padre tiene hijos a los 20 sus propios padres tienen 40, una edad en la que los abuelos realizan su trabajo de apoyo de forma perfecta. Pero cuando los hijos tienen descendencia a los 40 los abuelos ya tienen una media de 60 y todo se complica por muchos aspectos, sobre todo porque ya están jubilados y porque su fuente de ingresos es reducida.

En busca de la seguridad

Pero la realidad es cada vez mayor en cuanto a que los hijos se retrasan lo máximo posible y la franja de edad de los 40 años supone un riesgo. Los padres no tienen seguridad acerca de lo que les ocurriría a sus hijos si ellos llegaran a encontrarse con algún problema. Esto coloca a los progenitores en una situación difícil de inseguridad. ¿Y si durante un viaje tienen un accidente y fallecen o se quedan inválidos? Que esto ocurra cuando los hijos tienen 10 o 15 años, podría suponer una gran carga para ellos, así como problemas importantes en términos económicos para terminar de recibir una educación adecuada.

Más peligroso es que los padres, debido al paso del tiempo, sufran alguna enfermedad degenerativa que les impida seguir trabajando de la forma en la que lo han hecho hasta ahora. A partir de los 40 años es más frecuente que se sufran enfermedades como el alzheimer o la esclerosis múltiples, enfermedades degenerativas que llevan a que haya un momento en el cual se debe abandonar el trabajo y recibir la atención constante de una persona a modo de supervisora. Esto implica recibir menos ingresos financieros y que esto repercuta en los medios de los que disponga la familia.

Por eso los padres que tengan hijos a partir de los 40 años siempre tienen que recordar la importancia de contactar con una correduría de seguros para plantear su caso específico y valorar la situación para llegar a una conclusión sobre qué seguro es el más adecuado. De esta forma se podrá proteger el futuro de los hijos, cubrirles con un importe económico de valor que pueda garantizar que no habrá ningún problema en su educación y en los años que vendrán hasta que sean capaces de cuidarse por sí mismos. Los padres nunca pueden dejar nada al azar, y menos a partir de los 40 años.

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