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Prevenir antes que curar: consejos para nuestro día a día

Prevenir antes que curar: consejos para nuestro día a día

Te mejoramos el precio de tu seguro de vidaUna de las expresiones que más les gusta repetir a nuestras madres y abuelas es esa que dice “mejor prevenir antes que curar“. Por regla general nos lo tomamos como algo un poco molesto, por recibir esa reprimenda que nos alerta de que hay algo que deberíamos estar afrontando de una manera diferente. Pero cuando lo pensamos no tardamos en llegar a la conclusión de que tienen toda la razón del mundo, porque no hay nada mejor como estar preparados y evitar posibles situaciones desafortunadas en las que nadie se quiere ver.

Prevenir siempre debe ser lo primero. La prevención evita sustos, riesgos y catástrofes. Esta filosofía se aplica a todos los aspectos de la vida, desde al terreno personal como al profesional o incluso a la manera en la que se realizan tareas en cualquier tipo de entorno. Cuando un controlador aéreo se está asegurando por duplicado de que una ruta no sufre ningún tipo de desvío u obstáculo en los aviones que pasan por ella está prefiriendo prevenir, porque si algo ocurriera la desgracia estaría a la orden del día. Se suele dar la circunstancia de que los casos en los que es mejor prevenir que curar suelen ser aquellos en los que la prevención no tiene ningún tipo de misterio ni supone llevar a cabo un gran esfuerzo. ¿Entonces por qué hay todavía casos en los que preferimos no prevenir?

El control de las enfermedades

Uno de los ejemplos más claros de nuestra vida en los que nos encontramos con la importancia de hacer caso cuando nos digan “mejor prevenir que curar” es lo relacionado con las enfermedades. Nos ponemos en una situación que desgraciadamente es más habitual de lo que se podría imaginar. Una noche mientras estamos preparándonos para dormir, nos hacemos una exploración de nuestro cuerpo como recomiendan los médicos y encontramos un bulto en un lugar donde no debería estar.

Lo primero que pensamos es qué será ese bulto. Nos palpamos varias veces, porque nos queremos asegurar de que se trata de algo que no debería estar ahí. Cuando tenemos constancia seguimos las recomendaciones habituales para tocarnos y analizar el bulto. Parece que podría ser un bulto de grasa que se ha formado en el interior y que no supone ningún tipo de daño ni problema para la salud. Pero también puede tratarse de un cuerpo cancerígeno que haya que tratar de forma inmediata con el objetivo de que no se extienda por el organismo. Si ante esta disyuntiva nos quedamos en casa y pensamos que será grasa y que no pasará nada, no estaremos previniendo. Pero sí lo estaremos haciendo si vamos al médico de cabecera para que nos haga una revisión y que este luego nos mande a un tratamiento preferente en el caso de necesitarlo.

Accidente de coche

Si después de este descubrimiento no acudimos a un médico para que revise nuestro estado y salgamos de dudas sobre si es algo malo o no, nos estaremos arriesgando a fallecer. Quizá haya una diferencia de 20 o 30 años de vida entre la persona que sí fue al médico y aquella que lo dejó pasar en su casa pensando que no sería nada grave.

Accidentes en carretera

Es invierno y está comenzando a nevar. No es que caiga mucha nieve, pero se vislumbra que existen posibilidades de que la nieve gane más intensidad y que la conducción sea más complicada. En lo primero en lo que pensamos es en bajarnos del vehículo y poner las cadenas en las ruedas a fin de evitar sustos. Son recomendables y pueden ayudar a evitar accidentes. No sabemos si nevará más fuerte o si serán necesarias, pero lo que estamos haciendo al poner las cadenas es prevenir antes de tiempo. En el caso de no colocar las cadenas quizá la nevada aumentase y el conductor tuviera problemas para manejar el vehículo, sufriendo un aparatoso accidente.

Este mismo tipo de situaciones, fácilmente reconocibles por lo lamentablemente habituales que resultan, son similares a la idea de vivir sin un seguro de vida que nos cubra. En este caso lo que hacemos es dejar al azar lo que le pueda ocurrir a nuestra familia. Pensamos que nunca nos pasará nada, nos consideramos indestructibles y siempre pensamos que los accidentes imprevistos o las enfermedades que no se han podido detectar antes son cosas que les ocurre a los demás, no a nosotros. Y todo cambia cuando llega un trágico día en el que sufrimos un revés que nos deja desprotegidos ante la vida. Una persona fallece que era fundamental en el organigrama de la familia y su situación económica y social se ve muy afectada por ello. Hubiéramos prevenido con la contratación de un seguro antes de que las cosas se hubieran torcido, algo que todo el mundo debería hacer, puesto que hay que tener en cuenta que nada es para siempre y que cualquier día puede ocurrir algo trágico que no esperemos. Como decíamos al principio, siempre es mejor prevenir que curar.

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