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¿Puede un beneficiario menor de edad cobrar un seguro de vida?

¿Puede un beneficiario menor de edad cobrar un seguro de vida?

Te mejoramos el precio de tu seguro de vidaEs muy común que cuando llevamos a cabo la contratación de seguros de vida pensemos en nuestros hijos como beneficiarios de las pólizas. Constituimos un seguro de vida de manera que sabemos que si algún día tenemos un accidente o fallecemos de una enfermedad, habrá un apoyo económico que recibirán nuestros hijos para que su vida sea un poco más cómoda mientras pasan ese duro momento tras la pérdida de su padre o madre. Es ley de vida y algo que hacemos de manera instintiva, dado que lo que queremos para nuestros hijos es solo lo mejor. Pero esto puede que, sin saberlo, esté provocando una serie de problemas para los hijos, al menos cuando son menores de edad.

La situación real del menor

Lo que dicta la ley es que un menor, aunque puede ser designado como beneficiario de un seguro de vida, no puede convertirse en la persona que cobre esa póliza una vez fallezca la persona asegurada. Esto significa que si un hombre de 42 años fallece en un accidente de coche y ha dejado a su hijo de 15 años como beneficiario de su seguro, ese hijo no recibirá el dinero correspondiente. Quien lo recibirá será la persona que ocupe la calidad de tutor de este menor, lo que podría convertirse en un problema para el futuro del hijo o para los deseos que tuviera su padre. La realidad es que se trata de algo que debe pensarse y valorarse muy bien antes de formalizar el seguro de vida.

Pongamos, por ejemplo, que un hijo tiene como tutor, tras el fallecimiento de sus padres, a la persona de la familia más cercana. Pero esa persona no es digna de la confianza de los padres fallecidos, porque se trata de alguien que no es capaz de gestionar bien sus finanzas y que posiblemente lo que hará será gastar el dinero del seguro en sus propios vicios e intereses, dejando al hijo sin lo que le corresponde. ¿Qué hacer entonces? Este tipo de situación es el que transmiten las aseguradoras a sus clientes para que sean conscientes de lo que puede pasar si no establecen unas pautas adecuadas en las condiciones de los seguros de vida.

Por ello hay que pensar en paralelo y no solo en línea recta, para que así sea posible llegar a la conclusión de lo más conveniente para los hijos en cuanto a cobrar la póliza correspondiente. Hay que hacer todo lo posible para que en virtud de nuestros intereses los hijos lleguen a tener aquello que se merecen por derecho impuesto de sus propios padres ante una situación como esta.

Los menores como beneficiarios de pólizas

Las recomendaciones

Al margen de tener un tutor que pueda usar de manera indebida los fondos que se han proporcionado a los hijos, otra posible situación que tampoco resulta adecuada es que los fondos queden paralizados hasta el momento en el cual el hijo o los hijos alcancen la mayoría de edad. Será entonces cuando el capital correspondiente al seguro llegue a sus manos para que lo puedan utilizar con el objetivo de establecer unos planes de vida como los que sus padres siempre quisieron para ellos.

De forma alternativa las corredurías de seguros también plantean otra opción que puede ser mejor que todo esto. Se trata de la capacidad de determinar una persona beneficiaria de confianza que se encuentre en relación con los hijos para que se pueda gestionar de manera más conveniente la posibilidad de que el dinero llegue a ellos. Si se diera el caso de que se trate también del tutor del hijo sería la situación ideal, pero en el caso de no encajar habrá que contar con aquel individuo adecuado para este tipo de caso. Para ello la confianza es lo más importante, siendo fundamental contar con alguien que de verdad sepamos que va a responder a las necesidades de nuestros hijos en un momento de la vida tan duro como este.

Las aseguradoras ya tienen experiencia en la elaboración de estos trámites y de las pólizas de seguros de vida que tienen como beneficiarios a los hijos menores de edad. Por eso, aunque no se pueden convertir en beneficiarios reales hasta que cumplen la mayoría de edad, hay recursos suficientes como para que los padres puedan asegurarse de que los más pequeños de su familia dispongan del capital que merecen cuando llegue el momento adecuado.

En una familia en la cual solo uno de los cónyuges fallece no suele haber tanto problema, dado que se suelen tener opiniones y planes cruzados de forma global, pero cuando son los dos padres los que fallecen la situación puede ser muy delicada. Y como nunca sabemos qué puede ocurrir en la vida, es mejor que tengamos previsto todas las posibles consecuencias para que sepamos que nuestros hijos siempre están protegidos y con aquello que merecen tener.

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